<$BlogRSDUrl$>

23.5.03

Me recrimina un compañero gay mis opiniones en torno a la tendencia de algunos (sin explicitar) a hacer público lo privado, llegándome a llamar homófobo y sexista.
Depende, claro está, de con qué mano se tome uno la sopa.
Si el mismo compañero se me acerca y me dice al oído: 'Te tengo que contar un secreto. Soy heterosexual' lo mínimo que puedo pensar es que es algo imbécil. En cambio, si se declara homo no puedo decirle que es imbécil: debo sentir respeto y admiración.
Me dice tras este ejemplo que los hetero (no sé por qué supone que soy hetero) siempre andamos dando evidencias sobre nuestra sexualidad. Si eso es así, no hay motivo para hacer de oveja y hacer lo mismo que el resto. Si por el contrario te mola ser igual de lemming que tus semejantes, por la misma razón podré llamarte imbécil. Pero no.
Y es que hay diferencia entre llamar payaso a un tío que farda de cuántos tías se ha ligado, y llamárselo a un tío que farda de cuántos tíos se ha ligado. La diferencia, por supuesto, nada tiene que ver con las preferencias sexuales de cada uno, sino con el arma uniformadora por excelencia de las sociedades: lo políticamente correcto. Todos iguales bajo la tolerancia y el respeto, pero unos más iguales, tolerantes y respetables que otros.
Ted Kasinsky ya identificó a ciertas formas de "izquierdismo" interesadas en este tipo de manipulaciones de las realidades sociales. Lástima que estuviera loco y acabara en la cárcel. Lástima que se hiciera llamar Unabomber. Lástima que no fuera un intelectual sin prejuicios racistas y sexistas. Lástima que no fuera gay.
Como decía mi otro compañero (también gay) sobre el mismo tema: "Mira, dentro de mil años no habrá hombres ni mujeres ni homosexuales ni heterosexuales: sólo gilipollas"
Date una vuelta por Chueca, date una vuelta por Malasaña, date una vuelta por los blogs gays o de chicas de 16 a 30 años, date una vuelta por la facultad de Historia, date una vuelta por la facultad de Bellas Artes, Filología o Filosofía,
dime, ¿quévesquévesquéves?
La respuesta está en las páginas centrales de El País de los viernes y su nombre común es:

T E N T A C I O N E S

La nueva Biblia, el Alfa y el Omega de lo 'in' y lo 'out' (excepto en lo referente a la música chill out que of course está in')
Amén.

22.5.03

¡Adivina, adivinanza!

Está a muchos metros bajo tierra, hace mucho calor y por él vagan sin rumbo miles de almas en pena.

La solución.

Muérase vd. mañana

A un amigo de un amigo se le ha muerto el padre. Tomaba varias pastillas contra la depresión al día, luego sufría mareos constantes y esta vez se desmayó y se golpeó la nuca. Me cuenta, con una suerte de humor negro, que los primeros en llegar fueron los enfermeros del Samur, que nada hicieron por salvar la vida del hombre. Como la muerte no había sido natural, era necesaria la autorización del juez para el levantamiento del cadáver. El juez, a su vez, dijo que era necesario un reconocimiento forense (el hombre tenía una gran mancha en la cara y el juez no era forense) antes de levantar el cadáver, pero al parecer no había forenses disponibles hasta el día siguiente. Tras pasar la noche con el cadáver tieso en el sofá del salón, llega el forense a primera hora y se decide por fin el levantamiento del cadáver. Sin embargo, el cuerpo sufre rigor mortis y es imposible sacarlo por la puerta de la casa, ya que es demasiado estrecha. Así que es necesario llamar urgentemente de nuevo al samur y a los vecinos para doblar el cuerpo (que ya hedía) y poder transportarlo al tanatorio.
Hace un par de meses yo comía con este hombre. Tampoco es que tenga especial aprensión a este tipo de sucesos, pero reconoceréis que esto que os acabo de contar sólo puede pasar en el país donde hasta el suicidio del propio Larra era cuestión burocrática.
Descanse en paz.

19.5.03

Salta a la palestra una nueva víctima de la mercadotecnia, un tal Hernán Migoya, que se hace pasar por escritor. Como no me apetece poneros los links de las noticias, os lo resumiré grosso modo.

El tal Hernán Migoya ha publicado un libro titulado Todas Putas una colección de relatos de temática misógina (atributo que él mismo se cuelga, vaya). Entre los relatos que componen el libro se encuentra El Violador, una presunta declaración de principios de un violador, en la que se defiende la violación (la del hombre a la mujer) como un derecho fundamental (del hombre). El libro no ha tenido buena acogida por parte de ciertas organizaciones y ha sido censurado, os remito a vuestros diarios para que ampliéis información al respecto.

Ahora bien, la censura del libro en sí, impedir su venta, resulta ridícula. Los motivos argumentados para su veto fue 'que realizaba apología de la violación'. Creo que no es una opción tratándose de ficción literaria. Otro gallo cantaría si se tratara de un ensayo sobre antropología o sociedad. Por otra parte, tenemos precedentes de apologías novelísticas varias en Lolita, de Nabokov (pedofilia), Las partículas elementales, de Houllebecq (turismo sexual), De héroes y tumbas, de Sábato (incesto), La última tentación de Cristo, de Kazantzakis (un Cristo adúltero), Del asesinato considerado como una de las bellas artes de Thomas de Quincey (no os digo de que hace apología). Etceterísima. Literariamente resultaría cuanto menos interesante leer cómo piensa un violador, que razones expone para cometer su crimen, que dudas morales le suscita su conducta, en fin, lo que se denomina técnica literaria.

Desgraciadamente, el relato es más bien pobre, falto de coherencia interna y abordado de una manera tosca y resultona. El personaje no resulta mínimamente creíble y las reflexiones no aportan ni originalidad ni vitalidad. Es decir, que el relato está muerto literariamente, y de no ser por la pompa, el grito pelao y el "debate" que está suscitando en los media se extinguiría en la nube de folletines de medio pelo. En fin, otro listillo que se apunta al carro.

18.5.03

Leo con perplejidad esta historia en una de las bitácoras más conocidas. Toda ella se resume en: Cualquier “cosmopolitan”, está abarrotado de consejos para abandonar el barco de forma tajante y con la cabeza muy alta, desde el expeditivo, pero efectivo a más no poder de: “creo que tienes el pene más pequeño que he visto en mi vida”, hasta el más diplomático, soltándole eso de: “sé que te va a encantar mi marido. Vamos a escoger una fecha en que él no esté de viaje para que podamos salir a cenar los tres y conocernos mejor”.
Lo cierto es que de vez en cuando me acerco a las revistas llamadas de mujeres y cuanto más las leo tengo la impresión de quienes las escriben son hombres y además publicistas. Basta echar un ojo a los índices para darse cuenta de que hay gato encerrado (revista Glamour, diciembre 2002):
-Top sexo: cómo conectar mejor y disfrutar más
-La más guapa de la fiesta
-Por qué nos gustan los hombres duros
y sobre todo:
628 compras seductoras

Es decir, la mujer de hoy, según rezan estas revistas es (debe ser):
-Sexy.
-Guapa (la que más).
-Le gustan los hombres duros.
-Le seduce comprar.

Es decir, un macho-macho invertido. En el comentario de la página de arriba, si se hubieran invertido los papeles y el hombre fuera el que quisiera librarse de su pareja, la conversación, sin perder un ápice de su esencia original sería:
"Tienes las tetas pequeñas".
"Sé que te va a encantar mi otra amiga"
. Lo cual, evidentemente, sería tachado de misógino.
Y es que conforme avanzan y se especializan este tipo de revistas (para adolescentes, para amas de casa, para mujeres entre 20-30 años) se va creando un concepto de mujer masculinizada, es decir, a la que se le meten todos los valores sociales imperantes, tanto positivos como negativos, que se tienen o tenían del hombre: sólo piensa en el sexo, en gustar a los demás, en presumir, en comprar, en triunfar.
¿Bueno o malo? Ni uno ni lo otro: sencillamente no existe nada "femenino", no existe "femeneidad" en triunfar, o en acostarse con muchos chicos o chicas, puesto que es algo que el hombre ya llevaba grapado en su rol histórico. El error, como casi siempre, es intentar a toda costa diferenciar sexos desde lo material: los hombres son..., las mujeres son..., a los hombres les gusta... a las mujeres les gusta...
Pues tan absurdo es decir que a la mujer lo que le conviene es quedarse en casa cuidando niños, como lo es decir que la mujer moderna le interesa triunfar, o que lo femenino es lo sexy; como es suponer que a los hombres sólo les interesa meterla y conducir un coche potente (como viene a decir la revista Man -o creiais que me iba a olvidar-) o que los más interesantes son los que leen poesía.
Que no nos la metan ellos.

¿Quién no ha oído nunca que le ha cambiado la vida después de un trauma? ¿A quién no le intentan convencer de que todo dolor va a mejor? He sufrido dos operaciones importantes en un pulmón, con ingreso de varias semanas y con calmantes cada seis horas para hacer medianamente soportable el dolor. Puesto que no podía moverme a causa del drenaje, durante todo ese tiempo sólo podía mirar la TV, el pabellón de enfrente o recibir visitas. Si la vida me cambió no fue a mejor: lo cierto es que incluso las visitas de rigor me angustiaban, por el simple hecho de ser de rigor. ¿A qué viene visitar a un enfermo si no tienes nada que contarle? Nunca soportaba la mirada misericordiosa de los que se compadecían de mi enfermedad. Sólo encontraba alivio cuando tíos, primos, amigos que no he visto en años volvían a desaparecer por la puerta.
Tampoco es que todo se volviese oscuro y depresivo: simplemente la verdad se revelaba por sí misma: todo era protocolo. Aprendí, no me da vergüenza decirlo, a contar la misma historia una vez y otra cuando me preguntaban qué tal me encontraba: bien, a ver si ya no vuelve a suceder. Sucede que te reservas, te construyes sólo para tus adentros y creas un personaje con el que interactuar: un personaje tan estereotipado que resulta verdadero. Un camaleón válido para tus compromisos. Alguien que no tenga que oir nunca más: amigo, es que tú te comes mucho la cabeza, como si pensar fuera un pecado del que sentirse culpable. Ese fue mi cambio, aprender a pasar desapercibido.
Car je est un autre, que decía Rimbaud.
Una hipocresía que practicamos cada fin de semana es la de creer que salimos de marcha para divertirnos. Veamos: si el trabajo o los estudios nos aburren porque son repetitivos, ¿por qué no lo hace salir de fiesta cada fin de semana, con la misma gente, a los mismos bares o ambientes, con los mismos tipos de música? Sí que lo hace, nos hastía, nos aburrimos porque el salir de marcha es un imperativo social y hay que hablar de él como si fuera el necesario reposo del currito. ¡Pobre de aquel que se quede en casa un sábado, será motivo de mofa y befa el lunes! El ocio y la fiesta existen para justificar el trabajo. Cuánto más sudemos por nuestro trabajo, más nos merceremos nuestra fiesta: imaginad que no existiese el trabajo, ¿tendría sentido salir de fiesta?
Ante todo está la premisa de no aburrirse: eso haría fracasar cualquier fiesta. Hay que rendir cuentas a nuestros colegas el lunes: si no es liándonos con alguien, al menos contar alguna sarta de anécdotas graciosas. Y si no, emborracharse, empastillarse o pintarse la nariz en los baños para que a pesar de todo nos divirtamos, o provoquemos nuevas anécdotas que contar.
Porque lo horroroso, lo jodidamente tétrico sería que en mitad de la pista un amigo le dijera a otro: oye, ¿qué cojones hacemos aquí, bebiendo y fumando como hacíamos en la calle, después de haber sorteado el derecho de admisión y al puerta, pagado una entrada y bailando con toda esta gente, si nos estamos aburriendo? ¿Qué coño hacemos aquí, si estuvimos la semana pasada y la anterior y la anterior? Por suerte, el amigo le dirá que es un rallao o irá to pedo y no se enterará.
Y en el mejor de los casos no le oirá, porque el frenético ritmo que pone DJ Nano a los platos .

This page is powered by Blogger. Isn't yours?