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18.9.03

Muérase pronto, por favor

¿Quién dijo que no se iba de vacaciones? ¿Yo? Qué va... El caso es que nada más volver me dan la triste noticia de que un conocido se mató en una accidente de coche, ya ves tú, en una curva mal pensada y sin cinturón, pues nada, caput.
Uno se encuentra jodido, reflexiona sobre esto de la vida y todo eso... hasta que llega el entierro.
Los protocolos para enfrentarse a esto de morirse son duros, pero lo serían más si uno tuviera que ver su propio entierro. Concretamente son para morirse de risa.
Lo primero son las promesas pre-mortum: yo quiero que me incineren, que mis colegas se pillen una borrachera... etc. Todo muy elogiable, pues tampoco te vas a enterar de si te arrojan al arroyo para que los perros te coman o si van a arrojar tus cenizas en las Bahamas.
Nosotros, como somos muy graciosos, ni le incineramos ni nos emborrachamos (bueno, esto sólo un poco, pero porque era muy indecoroso faltar a dos promesas). Sin embargo, los rituales se han modernizado y ahora ya no se lleva eso de echar flores y llorar. Cosas curiosas del entierro:
- Como nuestro colega era DJ, no podíamos hacer menos que poner una sesión suya durante el sepelio. Eso sí, nos tocó oírla antes de nada (cosa que uno no hubiera hecho ni en vida), no fuera que llegase el subidón y diera un tono ameno al asunto. (No seáis mal pensados, aunque sea un personaje frívolo, siento respeto por los familiares).
- En vez de echar flores, por las que nunca mostró el defenestrado un gran aprecio, preferimos echarle porros, liados eso sí, para que se llevara un buen "colocón" al cielo (menudo está hecho, en la tierra estuvo en el séptimo cielo, y ahora que está en el cielo, más de lo mismo).

Pero lo más duro del caso son los comentarios de la gente. Dos que habían estado con él una semana antes del accidente dijeron (todo esto después de que muriera, repito), que habían notado "algo raro" en su mirada, en su forma de hablar. Claro, yo les quise increpar que si sabían "algo", joder, pues que lo hubieran dicho y así no se habría muerto. Lo más normal entre la gente era lo de que era un tío cojonudo, especial y todas esas pamplinas, cuando tanto él, como yo, como el resto de mis colegas somos más de lo mismo: carne andante, con estudios y en paro.
Y luego está lo de dar el pésame a todo el mundo, es realmente tétrico cuando alguien te viene y te dice: "lo siento, tío". ¡Pero si yo no me he muerto, vete a tocar los huevos a otra parte! Increíble pero cierto. "Siempre se van los mejores", luego ser un cabrón te proporciona la inmortalidad. "Tenía mucha vida por delante", lo cual es falso, porque de hecho está finito (Además, ¿qué esperaban, que si le hubieran dado dos años más hubiera escrito la novela de su generación? No creo. ¿Familia, hijos, hipoteca? Casi hace mejor en morirse, vamos).

Y por último, si lo irremediable es morirse, pues porque no dar el pésame justo al nacer. Si al final todos los caminos llevan a Roma.

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