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28.10.03

Kinder ¡sorpresaaaa!

"El sueño de la razón produce monstruos" que rubricó Goya en una de sus geniales pinturas. Así, del sueño dogmático en el que uno está alelado uno desperté esta mañana, tras recordar la insultante estructura de un anuncio no muy reciente sobre unas barritas que produce Kinder.

Por hacer memoria:
Un niño zampa Kinder barritas mientras su papá limpia una moto de paseo (bien pudiera ser una Harley Davidson) y mamá hace acto de presencia sin decir palabra alguna. El niño se acerca al padre y la conversación toma matices similares a los que reproduzco (mi memoria no es de fiar, así que habrá que consultar a la empresa publicitaria, no vaya a ser que encima me acusen de plagio):
- Papá ¿por qué limpias una moto tan antigua? ¿no sería mejor que comprases una nueva?
- Hijo mío, es que hay cosas que duran para toda la vida. Con esta moto conquisté a tu madre y cuando crezcas a ti también te servirá.
(El padre roba una barrita al chaval)
- ¡Papá! ¡Cómo quieres que crezca si me robas mis barritas Kinder chocolate! - denuncia el crío.

Etcétera.

Hay dos análisis posibles a este anuncio, uno pergeñado por un psicólogo compañero mío y otro de cosecha propia, que casualmente coinciden en un aspecto: la cosificación de la madre.
El análisis freudiano parte del comentario del padre: a través del objeto moto logró conquistar a su mujer, relegando a ésta a una forma de sujeto completamente materialista - este es el punto coincidente de ambas teorías -, la cual, en vez de valorar circunstancias tan válidas para la publicidad como el pene o el coche se fijó en su moto, y por ende, en la idiosincrasia que confería al hombre que ahora la poseía (escribir "su marido" implicaría concederle una propiedad que no posee y por tanto un poder que no ejerce si no es en la ciencia ficción). El traspaso de la motocicleta al hijo en un futuro y la consideración de que "a él también le servirá" se entiende como, ya que en el futuro el padre sufrirá una incipiente calvicie acompañada de una disminución del riego sanguíneo en el cerebro - por enfriamiento de la calavera - le será imposible sublimar durante más tiempo su falo a la moto y manejarla con la habilidad necesaria (tanto para conducirla como para satisfacer sexualmente a la madre, que hasta ahora no ha dicho nada y suponemos, a propósito de la estructura del guión, que lo que la mantiene vinculada al marido es esta representación fálica). Luego el hijo pasaría a ocupar el lugar físico y sexual del padre, el padre sería botado dirección asilo y se continúa el ciclo.

Este análisis me parece cuanto menos rebuscado y cualquiera que haya cursado EGB pensará que hila demasiado fino. Dejándonos de sublimaciones, etc. mi análisis partiría de:
a) La mujer concretizada en la madre es un objeto, conseguida mediante otro objeto, es decir, lo que en economía se conoce como circulación de mercancías.
b) El padre es el propietario de ambos.
c) El crío, con su mentalidad precapitalista hace ver al padre que con una moto nueva conseguiría una mujer nueva y que por ende estuviera más buena (por la ley de la oferta y la demanda).
d) El padre, por una atrofia o por una forma de perspicaz entendimiento de la teoría valor en su mentalidad neoliberal, considera que, como los vinos, las motos (y las pibas) ganan con el tiempo.
e) La conclusión es que, pasado un tiempo, cuando el valor-moto se revalorice, el hijo podrá hacer uso de ella para la conquista de otras féminas, repitiendo así el esquema de cosificación de la mujer (ojo al dato, de la mujer concreta ha pasado a la mujer abstracta, es decir, la mujer en potencia a la que pudiera conquistar el chaval, o lo que es lo mismo, la mujer abstracta y equivalente a todas las concretas) que ni pincha ni corta en el asunto económico-sentimental.

Con esto quedan aclaradas dos cosas: que los freudianos ven pitos hasta en las barritas de chocolate y que la culpa es de las feministas.

Amén.

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